jueves, 25 de enero de 2018

Nicanor Parra: "Imagen de mi padre











IMAGEN DE MI PADRE

 



Yo tenía un fiel amigo
de lento mirar cansado
triste como un jardinero
y puro como un relámpago.


Tenía las manos suaves
como el corazón de un pájaro
al andar casi danzaba
y hablaba casi cantando. 


Como ríos paralelos
vagábamos por los campos
yo lo confundía a veces
con la sombra de algún árbol. 


El cielo que lo cubría
no podía ser más alto
y el nardo azul de su alma
no podía ser más nardo. 


Si hubiera sido de agua
¡qué compañero tan claro!
serenos como sus ojos
nunca se verán dos lagos. 


Amigo dulce dormido
que nunca será olvidado
ni en el día en que se cierren
para mí todos los astros.





 


(De 8 nuevos poetas chilenos, Antología poética”, Editorial de la Universidad de Chile, 1939)







lunes, 22 de enero de 2018

Pablo García Baena: "La vida es como un bosque"











LA VIDA ES COMO UN BOSQUE




Oh, sí, la vida es como un bosque.
Un bosque donde un día entramos confiados.
Un bosque interminable
que sólo acaba cuando creemos liberarnos de sus torpes lianas,
de sus cicutas híbridas
y de la saeta cómplice y venenosa de sus flores.
Cuando los ojos ya desencajados
creen haber encontrado el fin de la terrible pesadilla del bosque
y una luz de esperanza se enciende en las pupilas,
en las pupilas que al momento frías
quedarán como el límpido cristal de una custodia,
porque es sólo la muerte quien puede liberarnos,
sólo la muerte con su vaho pálido,
sólo la muerte es consuelo…
Pero la vida,
oh, sí, la vida es como un bosque.

Yo voy bajo los árboles que estrechan mi camino,
bajo alerces gigantes,
bajo sauces y álamos y castaños que estallan de esplendor a mi vista,
y a veces me detengo
y en las cortezas tiernas que esperan toda seña
escribo con las uñas mi destino.
Y cuando es primavera me diluyo en el aire violado de las lilas
e ingenuamente gozo
viendo abrirse la aguja blanca de los jazmines,
y el gorrión cansado de mi mirada
se posa en las mujeres desnudas que acechando por entre viejos árboles
son iguales que flores armoniosas
y mi boca se enreda en la culebra de sus pintados labios cuando huyen los ángeles.

A veces pasan sombras por mi mismo camino.
Amigos o enemigos que se cruzan,
que pasan ocultando sus virtudes
o derramando el bálsamo agrio de sus pecados
donde innúmeros gusanos barbotean su hambre.
Pasan, y yo he sentido la delirante garra de un jaguar
que mecía con ternura mi corazón.
Era el amor.
Y amé las sombras que pasaban,
las sombras que pasaban soberbias con sus dones inaccesibles.
Amé la altivez escarlata de unos labios,
la línea noble de algún cuerpo ágil,
unas manos que se esquivan y se enlazan como palomas amantes,
el azul de la nieve en unos ojos,
y amé también las sombras que se ofrecían humildes.
Sentí sobre mi alma el halago suave y enervante de un terciopelo.
Era el odio.
Y bebí sediento de su  copa, sorbo tras sorbo, tras caer rendido
en la tierra del bosque.
Y odié el cautivo pájaro de la sangre en el cuerpo,
los ónices prohibidos de las ojeras,
la estremecida música de los silencios
y el turbio vino amargo de los abrazos presentidos.

Oh, sí; la vida es como un bosque,
un bosque donde al alba resuenan las lejanas arpas suavísimas,
desvanecidos coros que tiemblan como telas de araña entre los árboles
y hay días en que el bosque serena todo viento
y se hace pequeño y casi débil como el nácar rosa de las caracolas
y es dulce pasear esos días por los senderos íntimos,
por las sonantes frondas,
hasta llegar junto a la fuente donde descansaríamos inmutables,
la fuente con el agua tantas veces anhelada,
la fuente que en sus ojos tiene nuestro reflejo.
Pero hay que seguir caminando porque la vida es como un bosque.
Un bosque donde sopla furioso un viento rojo
que roe nuestras carnes,
en esos días en que los árboles se doblan bajo huracanes de deseo
y los cuerpos gimen en las madrugadas de insomnio
bajo el dolor indescriptible de las caricias
y hasta las mismas estrellas derraman gota a gota su misteriosa sensualidad.
Y estos días teñidos con las ardientes flores del alazor
también pasan.
Oh, sí, la vida es como un bosque.
Un bosque sembrado de esqueletos y sal,
un bosque donde se balancean rígidos los ahorcados
en cada árbol.
Un bosque que se entristece en el otoño
con la verdina que oculta los párpados de los suicidas,
de los que quieren talar rápidamente
el bosque interminable
y su mirar se quedó cuajado para siempre en el crepúsculo.
Y en estos días
hay que gritar hasta que los espejos caigan hechos puñales
porque el pelo flotante de una mujer ahogada
pasó acariciando nuestros rostros.
Gritar, gritar…Por el camino pasarán las sombras
y nadie preguntará por nuestro grito.
Solamente los perros aullarán temerosos a la muerte o  la luna
y el grito hecho columna
será lo único que pueda sostenernos,
Pero, lejos, ¿no se oyen las flautas?
Oh, sí, la vida es como un bosque.







(De "Antiguo muchacho", Editorial La Palma Editorial, 1992) 















domingo, 21 de enero de 2018

Pablo García Baena: "Edad"











EDAD


Si yo fuera mayor,
lo cual parece casi imposible,
amaría los ríos limpios entre las aneas,
el arco de las truchas,
las ocas paseando una tras otra tras la orilla,
bobas y solteras como señoritas puritanas,
la campana sonando lejana en la heredad,
todo como lo viera alguna vez
en un paraje nórdico.
Y allí, bajo el árbol de la vida,
sentarme a leer un libro hermoso,
ya leído.

Pero sí, soy mayor
y amo aun lo que apenas si recuerdo:
la madrugada alta y su ginebra,
la nuca que termina en rizo último
entre tus dientes,
despertar con el alba y con el miedo
de no saber quién duerme entre las sábanas,
la ola blanca y fría dejándome en el cuerpo
la escarcha de los christmas,
su ventura augural del año nuevo.
Y a la mañana al sol, junto a la barca,
leer el mismo libro de mis días.






(De “Los Campos Elíseos”, Editorial Pre-Textos, 2006)








sábado, 9 de diciembre de 2017

Miren Agur Meabe: "Notas breves"









NOTAS BREVES


Ayer se me quemó una sábana.
La quemé yo, con la plancha.
Le estampé un triángulo color pan tostado
por culpa de la tele.
Siempre tengo encendida la tele pequeña de la cocina
cuando toca plancha:
un niño negro de la guerra
chupaba el pecho de su madre muerta.
Se me hizo un nudo de pelo en la garganta.

No se me olvidará:
la leche me mojó el sujetador.





(De "Azalaren kodea", Susa, 2000).